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4 de septiembre de 2014

La procaz intimación

Edward Gorey



«El Demonio, de un brusco salto,
derribó a la señorita Squill desde lo alto».

















El Demonio, tan brusco e insolente cuando seduce, logra que sus mujeres se entreguen sin reservas y hagan todo el mal que les pide.




Por eso las recompensa con lo que más quiere: el Infierno. Ejemplo paradigmático del humor negro del autor, La procaz intimación fue publicado originalmente por Fantod Press en 1971.   




















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Traducción: Marcial Souto


Tamaño: 13 x 15cm; 48 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9424-736-1
Ver bio del autor

Edward Gorey

Boston, 1925 - Cape Cod, 2000














A los tres años y medio aprendió solo a leer; a los cinco leyó Drácula, a los siete Frankenstein y a los ocho todas las novelas de Victor Hugo.
Hizo los estudios primarios (era tan precoz que se saltó el primer año y el quinto) en la escuela activa Frances W. Parker, donde tuvo un buen profesor de dibujo. Al terminar la enseñanza secundaria asistió un semestre al Art Institute de Chicago.
En 1946, después de hacer como oficinista el servicio militar en una base del Ejército de los Estados Unidos (en el desierto de Utah), entró en Harvard, donde estudió francés y compartió habitación durante dos años con Frank O'Hara, que llegaría a ser el más célebre poeta de la Escuela de Nueva York. Desde el comienzo llamó la atención por su aspecto y por sus excentricidades. Era muy alto, llevaba el flequillo aplastado sobre la frente como un emperador romano, los dedos cargados de anillos y tenía una manera histriónica de hablar. Una amiga lo recuerda con las uñas de los pies pintadas de verde caminando descalzo por la calle.
Entre él y O'Hara, dandis extravagantes del campus, decoraron la habitación con muebles blancos de jardín y usaron una lápida de un cementerio cercano como tapa de la mesa.
A fines de los años 40, apoyados por algunos profesores de la facultad y con otros jóvenes como ellos formaron el Poets' Theater de Cambridge. Unos escribían, otros actuaban y Gorey hacía los decorados.
En 1953 se mudó a Nueva York y empezó a trabajar en la editorial Doubleday como diseñador de portadas para las reediciones de clásicos modernos: Kafka, Proust, Conrad, Gógol, e ilustrador de libros de autores tan diversos como Edward Lear, T. S. Eliot, Beckett, Virginia Woolf, Dickens, Wells, Updike. Ese año escribió, ilustró y publicó su primera obra, The Unstrung Harp.
Al principio no encontró muchos lectores. Seis editores sucesivos lo aceptaron y lo abandonaron. Decidió entonces crear su propio sello, Fantod Press, y hacer ediciones artesanales de los libros que otros no estaban dispuestos a publicar.
En 1967 Andreas Brown, gran admirador de Gorey, compró Gotham Book Mart, legendaria librería neoyorquina de Frances Seloff, y desde allí empezó a difundir su obra. No solo vendía sus libros, almanaques, pósters y objetos: le organizaba firmas y exposiciones, y le llegó a editar quince libros.
Entre 1956 y 1979, vestido con un largo abrigo de piel de mapache, zapatillas de tenis, una gruesa bufanda y un collar, asistió a todas las funciones y a muchos de los ensayos del New York City Ballet. Admiraba profundamente las ideas del coreógrafo de origen ruso George Balanchine. En 1983, privado de su principal interés cultural, decidió irse de Nueva York.
Se instaló en Cape Cod, primero en Barnstable, en la casa de unos primos donde ya había pasado algunas temporadas, y después, definitivamente, en Yarmouth Port, en una casona de dos siglos que llenó de libros, películas, muñecos, gatos (que adoraba) y objetos esféricos. Allí vivió solo hasta el final, sin dejar de escribir y dibujar y crear títeres y marionetas para pequeños teatros de la zona. Publicó en vida más de cien libros y dejó otros setenta escritos pero sin ilustrar. Quienes lo conocieron lo describen como una persona extremadamente inteligente, culta y afable. 

Texto: Marcial Souto

2 de abril de 2014

El murciélago dorado

Edward Gorey

















De mirar pájaros muertos a primera bailarina.



















El murciélago dorado, uno de los libros más justamente famosos de Edward Gorey, sigue la breve y trágica vida de Maudie Splaytoe, descubierta con cinco años por madame Trepidovska, forjada con cien mil pliés en la barra, pulida en las provincias, aclamada en todas las capitales de Europa, colmada de lujos por un barón pero devota casi religiosa de la Danza, que alcanza la apoteosis con su inmortal papel en La chauve-souris dorée



















Con ilustraciones de exquisita precisión, Edward Gorey recrea el ambiente del ballet en los años veinte, los salones elegantes de los empresarios y las habitaciones inhóspitas de los artistas, las rivalidades y la gloria.




Edward Gorey (1925-2000), además de escribir e ilustrar más de cien pequeños libros cuyas primeras ediciones son ahora buscadas por coleccionistas y pagadas a precio de oro, fue un admirador fanático del New York City Ballet de George Balanchine, a quien consideraba «el mayor genio viviente de las artes». Durante veinticinco años, entre 1957 y 1982, no se perdió ni una sola función del grupo, y al morir Balanchine se fue de Nueva York. El murciélago dorado (1966), dedicado a Diana Adams, su bailarina favorita, es su homenaje a ese mundo.


















Edward Gorey tenía un extraño humor. Así describe el montaje que hizo de su propia obra. «Soy un desastre para los repartos. Cuando hicimos El murciélago dorado decidí que interpretara el papel de Maudie Splaytoe, la bailarina, un joven negro que medía uno noventa. Estuvo divertidísimo».




Elephant House, la casa de Cape Cod donde vivió desde 1983, es ahora un museo donde se exhiben muchos de sus numerosos libros y objetos artísticos. Una de las piezas más valiosas es el abrigo largo de mapache que aparece en muchos de sus dibujos y con el que solía asistir a las funciones de ballet.


















Traducción: Marcial Souto


Tamaño: 15 x 13 cm; 64 pp. Cartoné con sobrecubierta; ISBN: 978-84-9416-452-1

1 de septiembre de 2012

El curioso sofá

Edward Gorey























«El sofá estaba en una habitación sin ventanas, forrada con pieles de oso polar y por lo demás vacía. Tapizado en terciopelo rojo, el sofá tenía nueve patas y siete brazos».



















El curioso sofá (1961), clásico de Edward Gorey firmado con el seudónimo de Ogdred Weary, es una hilarante parodia de los tópicos de la literatura pornográfica.

Poblada de caballeros bien dotados, doncellas deliciosamente simpáticas, perros inmorales, adminículos sorprendentes, juegos excitantes, fiestas libertinas y un inquietante sofá, esta obra maestra de la imaginación erótica confirma que el principal órgano sexual humano es el cerebro.










































«En cuanto estuvieron todos metidos en la sala, Sir Egbert cerró la puerta y puso en marcha el mecanismo que había dentro del sofá...».

«Oscuras obras maestras de moral surrealista, bellamente ejecutadas». Vanity Fair
 
13 x 15 cm; 64 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9403-361-2

Ver bio del autor

17 de mayo de 2011

Edward Gorey, premiado

La fábrica de vinagre



El Ministerio de Cultura falla los Premios a los Libros Mejor Editados 2010. La fábrica de vinagre: Tres tomos de enseñanza moral de Edward Gorey gana el Tercer Premio en la categoría “Obras Generales y de Divulgación”.

En 1963, a los diez años de haber iniciado su carrera de escritor y dibujante, Gorey publicó este tríptico memorable con el irónico título colectivo La fábrica de vinagre: Tres tomos de enseñanza moral. Dos de los libros se ocupan de trágicos destinos infantiles y son un modelo de transgresión: Los pequeños macabros, muestrario alfabético de finales prematuros, en cuya portada la Parca posa junto a un grupo de niños a la vuelta de una excursión, antes del viaje definitivo, y El dios de los insectos, historia de tentación, rapto y prácticas rituales. En el tercero, El ala oeste, no hay palabras, y el protagonista es una casa donde las grietas y el empapelado de las paredes, el sinsentido de las escaleras y las puertas y la turbulencia de los suelos son más intensos que los pocos seres vivos que deambulan por ella como fantasmas.

La presente edición, cuya traducción ha estado a cargo de Marcial Souto, ha contado con el apoyo del Institut Català de les Indústries Culturals.

Aquí la relación completa de los premiados.

11 de abril de 2011

El huésped dudoso

Edward Gorey



«Al nuevo gramófono
le arrancó de cuajo la bocina
y no había manera de bajarle
el nivel de adrenalina.

Llevaba afuera todos
los objetos que más quería
y los salvaba tirándolos
en el estanque al mediodía».



Hay que ser muy educado para soportar a ciertos huéspedes, sobre todo si nos rompen los libros, nos muerden los platos y no nos prestan atención. Sobre todo si se instalan en nuestra casa y se niegan a marcharse. Cuando en alguna furiosa noche de invierno oiga sonar el timbre, no acuda a la puerta y apague la luz.

El huésped dudoso (1957) confirma el prodigioso talento de Edward Gorey.










«Hace poco vi un estupendo libro ilustrado, El huésped dudoso de Edward Gorey. Si todavía no lo conocen, lo recomiendo sin ninguna reserva». Herman Hesse
18 x 11 cm; 32 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9241-281-5

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21 de marzo de 2011

El zoo absoluto

Edward Gorey



«El Kwongdzu tiene garras enormes;
en su carácter sobran atributos deformes».



Del zoológico personal de Edward Gorey, una colección de animales exóticos no siempre mansos y no siempre peligrosos, no siempre grandes y no siempre pequeños, no siempre tímidos y no siempre comestibles. Unos flotan, otros se arrastran. Algunos duermen todo el día y hay uno que no deja de mirar. Conviene entrar con cuidado.








«Por algún motivo mi misión en la vida consiste en producir la mayor incomodidad posible, porque así es el mundo.» Edward Gorey
15 x 13 cm; 64 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9241-282-2

Ver bio del autor

El Wuggly Ump

Edward Gorey



«Tralalarta, tralalerta,
el Wuggly Ump está a la puerta.
Ay qué ruidos tan poco tiernos.
¿Por qué ha venido a vernos?
Esos ojitos, esa mirada
en cara tan obstinada.
¡Qué garras desagradables!,
¡qué fauces abominables!».



Tres niños despreocupados y felices que cantan y trenzan flores; un monstruo cavernario que come fango y sanguijuelas y quiere cambiar de dieta; un encuentro inevitable y el triunfo de la naturaleza. Dulce y perturbadora, El Wuggly Ump es otra obra maestra del inimitable Edward Gorey.









«Me dicen que soy un artista de culto. Pero cuando veo a todo lo demás que recibe el título de ‘de culto’, me parecen cosas de débiles mentales. En fin, supongo que ser ‘de culto’ es mejor que ser nada». Edward Gorey

15 x 13 cm; 64 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9241-280-8

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4 de noviembre de 2010

La fábrica de vinagre

Edward Gorey



«Oscuras obras maestras de moral surrealista, bellamente ejecutadas». Vanity Fair

«Por algún motivo mi misión en la vida consiste en producir la mayor incomodidad posible, porque así es el mundo». Edward Gorey



En 1963, a los diez años de haber iniciado su carrera de escritor y dibujante, Gorey publicó un tríptico memorable con el irónico título colectivo La fábrica de vinagre: Tres tomos de enseñanza moral. Dos de los libros se ocupan de trágicos destinos infantiles y son un modelo de transgresión: Los pequeños macabros, muestrario alfabético de finales prematuros, en cuya portada la Parca posa junto a un grupo de niños a la vuelta de una excursión, antes del viaje definitivo, y El dios de los insectos, historia de tentación, rapto y prácticas rituales. En el tercero, El ala oeste, no hay palabras, y el protagonista es una casa donde las grietas y el empapelado de las paredes, el sinsentido de las escaleras y las puertas y la turbulencia de los suelos son más intensos que los pocos seres vivos que deambulan por ella como fantasmas.

La presente edición, que incluye un cuadernillo biográfico, recupera el espíritu y el estilo original de aquella obra triple publicada en Nueva York por Simon and Schuster, hace casi medio siglo.

15 x 13 x 4 cm. Estuche.
ISBN: 978-84-9241-267-9

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2 de noviembre de 2010

Los pequeños macabros

Edward Gorey



«Cuando el mundo parece especialmente frágil, no hay nada más tranquilizador que una historia que quizá no nos tocará vivir. Para algunos, el consuelo consiste en leer una aterradora novela de crimen y misterio… o un libro de Edward Gorey. Como bien saben todos los adictos a Gorey». New York Magazine

«No sé si de verdad recuerdo cómo era ser niño. En mi obra uso mucho a los niños, porque son tan vulnerables…». Edward Gorey





Asfixiados por alfombras, engullidos por el fango, atacados por osos o consumidos por las llamas, veintiséis niños inocentes descubren, sin tiempo para sorprenderse, el extremo riesgo de vivir.

Celebrada como la obra maestra de Edward Gorey, Los pequeños macabros, muestrario alfabético de destinos trágicos, alumbra el lado más transgresor y visionario de un artista excepcional.






15 x 13 cm; 64 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-92412-64-8

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1 de noviembre de 2010

El ala oeste

Edward Gorey



«Una de las mentes artísticas y literarias más originales de la Norteamérica de fines del siglo xx». Los Angeles Times

«Increíblemente sofisticado, elegante, sagaz y lleno de inventiva». The New York Observer

«Hombre de enorme erudición. Artista y escritor genial». The New Yorker

«Maestro de la narrativa gráfica; dibujante extraordinario». The New York Times

«Parezco una persona real, pero en el fondo no lo soy en absoluto. Soy un impostor». Edward Gorey





En El ala oeste no hay palabras, y el protagonista es una casa donde las grietas y el empapelado de las paredes, el sinsentido de las escaleras y las puertas y la turbulencia de los suelos, son más intensos que los pocos seres vivos que deambulan por ella como fantasmas.







15 x 13 cm; 64 pp. Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9241-265-5

Ver bio del autor