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19 de septiembre de 2007

El Golem

Gustav Meyrink



M. Schvartz | F. Bedoya (Ilustraciones)

El Golem es una de las novelas capitales de la literatura fantástica del siglo xx; con ella, el escritor vienés Gustav Meyrink llevó hasta sus más altas posibilidades narrativas el mito hebreo del coloso de barro que sólo pueden animar quienes han descifrado el nombre secreto de la divinidad.

La alucinatoria vida de Athanasius Pernath transcurre en el gueto judío de Praga durante la dominación del imperio austrohúngaro. Tras sucumbir al extraño influjo de un sombrero encontrado en una catedral, el protagonista intenta abrirse paso entre sórdidos crímenes y arcanas apariciones, al tiempo que comienza a entrever el carácter místico de la realidad y de su propio destino. Personajes misteriosos y antiguasleyendas medievales se entretejen en un trasfondo onírico y perturbador.
Las intensas ilustraciones de Marcia Schvartz y Fernando Bedoya recrean magistralmente los gratos terrores de esta pesadilla.

Traducción: Alfonso Ungría

17 x 24 cm; 242 pp. Cartoné con sobrecubierta | ISBN: 84-96509-45-1


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Gustav Meyrink

Viena, 1868 – Starnberg, 1932



Hijo natural de un ministro del rey de Württemberg y de una actriz que le dio el apellido Meyer, Gustav Meyrink pasó su juventud en Hamburgo, Munich y Praga, donde frecuentó el círculo esotérico La Estrella Azul. Fue empleado bancario, ocupación que despreciaba y que distrajo con el estudio de las mitologías, de la cábala y de las ciencias ocultas. Llegó a oficiar de vidente en sesiones de espiritismo y practicó la alquimia. Quienes lo trataron aseguran que poseía el don de visitar en sueños a sus amigos. Intimó con la fe cristiana; más tarde, con las enseñanzas de Buda. A los treinta años comenzó a escribir sus primeros relatos que en un principio fueron de índole satírica y posteriormente fantástica. En 1915 publicó la obra que determinaría su fama: El Golem, novela cuyo acervo filosófico es a ratos caótico, a ratos sincrético, pero siempre admirable. Fue traductor de Dickens y de Poe que, como Hoffmann, ejercieron una notable influencia en su literatura. Mantuvo trato epistolar con Franz Kafka y con Thomas Mann. En la hora final, Gustav Meyrink resolvió morir con los ojos abiertos, sentado en un sillón, ante una ventana orientada hacia el levante.

Títulos publicados:
El Golem