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31 de marzo de 2016

Ernest Hemingway

Illinois, 1899 - Idaho, 1961




















Comenzó su carrera como escritor en un periódico de Kansas City a la edad de diecisiete años. Al estallar la Primera Guerra Mundial se alistó como voluntario, hasta que fue herido de gravedad en 1918. Su experiencia como reportero durante la Guerra Civil española le ofreció el escenario para una de sus novelas más ambiciosas, Por quién doblan las campanas (1940). La obra de Hemingway, un clásico en la literatura del siglo xx, ha ejercido una notable influencia tanto por la sobriedad de su estilo como por el retrato de época. Entre sus últimos trabajos destaca El viejo y el mar (1952), su obra más famosa, que ganó el Premio Pulitzer en 1953. Recibió el Premio Nobel en 1954.

30 de marzo de 2016

Emily Dickinson

Massachusetts, 1830 - 1886






















Emily Dickinson es una figura legendaria de la literatura. Gran lectora de los clásicos, tenía conocimientos de ciencia y de música, y su genio fue más allá de los convencionalismos de su época. Excluida del mundo en su habitación, se comunicó con unos pocos elegidos, principalmente por medio de cartas que incluían fragmentos en verso. A pesar de su aislamiento, su poesía trasmite una infinitud y una libertad que ha conquistado a lectores de todo el mundo. La mayor parte de su obra se publicó después de su muerte, en 1886.

27 de octubre de 2015

Paul Auster

Nueva Jersey, 1947













«Toda vida es inexplicable —escribe Paul Auster—. Por muchos hechos que se cuenten, por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado.» Y, sin embargo, su condición de narrador quizá pueda explicarse a partir de La invención de la soledad (1982). El padre de Auster había muerto y atrás quedaban sus traducciones del francés, sus poemas como «puños cerrados», sus obras entre bambalinas como «negro» literario y sus estudios de literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia. De su quehacer lírico había nacido una prosa elegante y depurada. La trilogía de Nueva York (1987) fue su obra consagratoria. En ella, el azar lleva a los protagonistas a asumir distintas identidades dentro de una compleja arquitectura narrativa de espejismos metaficcionales, una pesadilla urbana teñida de enfermedad, locura y fracaso. El Palacio de la Luna (1989) y Leviatán (1992), ganadora del Premio Médicis, son otras de sus obras más destacadas. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras como reconocimiento a la renovación literaria que supuso la unión de las tradiciones norteamericana y europea. Para Auster, las palabras del célebre dramaturgo Peter Brook bien podrían definir la aspiración final de su obra: que posea a un tiempo «la intimidad de lo cotidiano y la distancia del mito, porque sin cercanía no es posible el sentimiento y sin distancia es imposible el asombro».

12 de mayo de 2015

Arthur Rackham

Londres, 1867 – Limpsfield (Surrey), 1939





















Arthur Rackham es sin duda alguna el artista británico más reconocido cuando se piensa en ilustración de cuentos infantiles clásicos. Desde comienzos del siglo XX, varias generaciones de niñas y niños han crecido con sus hermosas imágenes. Tras acabar sus estudios en la City of London School, comenzó a trabajar en una oficina de seguros, pero su interés por la ilustración lo llevó a compaginar sus obligaciones laborales con estudios de arte. Para ello, asistía a clases nocturnas en la Lambeth School of Art, donde coincidió con el destacado pintor de paisajes victorianos William Llewellyn. Fue a la edad de veinte años cuando comenzó a colaborar en Scraps y Chums, dos prestigiosas revistas de la época, y cuando la reciente fama adquirida le permitió abandonar la correduría para trabajar como ilustrador profesional. Su primera gran obra fue Rip Van Winkle (1905), de Washington Irving, donde sus imágenes lucían con un colorido y definición notables gracias a un nuevo avance tecnológico que permitía la separación de colores al imprimir. La editorial Heinemann, dirigida por Charles Seddon Evans, fue la que impulsó su carrera al encargarle una nueva colección de libros de lujo: ediciones limitadas, numeradas, impresas en papel hecho a mano y firmadas por el propio ilustrador. La Gran Guerra impidió el desarrollo de este nuevo modelo, pero Rackham, quien ya había logrado renombre internacional, decidió cruzar el Atlántico para colaborar con la emergente industria editorial de Estados Unidos. Elegido miembro de la Real Sociedad de la Acuarela, se convirtió en Maestro del Gremio de Trabajadores del Arte, y siguió ilustrando libros hasta su muerte, en 1939. Entre sus obras, destacan Peter Pan en los jardines de Kensington (1906), Alicia en el país de las maravillas (1907) y su última obra, publicada póstumamente: El viento en los sauces (1940). En 1911 la Société Nationales des Beaux-Arts celebró en París una exposición especial con sus dibujos, y le concedió una medalla de oro. 

20 de noviembre de 2014

Haruki Murakami

Kioto, 1949




















El más popular y prestigioso autor japonés vivo, ganador de numerosos premios literarios dentro y fuera de su país. Nieto de un monje budista e hijo de profesores de literatura japonesa, estudió en la Universidad de Waseda pero se formó sobre todo escuchando jazz, viendo películas de Hollywood y leyendo a autores como Richard Brautigan, Kurt Vonnegut o Jack Kerouac. Ese fervor por la cultura norteamericana lo llevó a dirigir durante años un club de jazz y después a traducir a autores como Raymond Carver, J.D. Salinger, John Irving, Grancis Scott Fitzgerald, Truman Capote o Paul Theroux. Escribió su primera novela, Kaze no uta o kike (Oye cantar al viento), a los 29 años y ganó con ella un premio literario. Después vendrían libros notables, mezcla de realismo y de fábula, como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Tokio Blues (Norwegian Wood), Kafka en la orilla, 1Q84. Murakami es también un apasionado maratonista, y ha escrito un libro para contar su relación con ese deporte: De qué hablo cuando hablo de correr

Kat Menschik

Luckenwalde, RDA, 1968




















Estudió diseño comunicacional en Berlín y París. A mediados de la década de los noventa fundó con su colega Jan Hülpüsch la editorial Millionen y la legendaria revista de cómics A.O.C. En 1999 empezó a trabajar como ilustradora de la edición dominical del Frankfurter Allgemeine Zeitung y de revistas como Stern y Mare. Una década más tarde se había consagrado como notable ilustradora de libros, entre los que destacan tres de Haruki Murakami: Schlaf (Sueño, 2009), Die Bäkereiüberfälle (Asaltos a panaderías, 2012) y Die Unheimliche Bibliothek (La biblioteca secreta, 2013).

«Las imágenes de Kat Menschik son de verdad diferentes y únicas –escribió Haruki Murakami–. Es precisamente ese sentido de otredad el que como autor quiero evocar en mis lectores».

4 de septiembre de 2014

Edward Gorey

Boston, 1925 - Cape Cod, 2000














A los tres años y medio aprendió solo a leer; a los cinco leyó Drácula, a los siete Frankenstein y a los ocho todas las novelas de Victor Hugo.
Hizo los estudios primarios (era tan precoz que se saltó el primer año y el quinto) en la escuela activa Frances W. Parker, donde tuvo un buen profesor de dibujo. Al terminar la enseñanza secundaria asistió un semestre al Art Institute de Chicago.
En 1946, después de hacer como oficinista el servicio militar en una base del Ejército de los Estados Unidos (en el desierto de Utah), entró en Harvard, donde estudió francés y compartió habitación durante dos años con Frank O'Hara, que llegaría a ser el más célebre poeta de la Escuela de Nueva York. Desde el comienzo llamó la atención por su aspecto y por sus excentricidades. Era muy alto, llevaba el flequillo aplastado sobre la frente como un emperador romano, los dedos cargados de anillos y tenía una manera histriónica de hablar. Una amiga lo recuerda con las uñas de los pies pintadas de verde caminando descalzo por la calle.
Entre él y O'Hara, dandis extravagantes del campus, decoraron la habitación con muebles blancos de jardín y usaron una lápida de un cementerio cercano como tapa de la mesa.
A fines de los años 40, apoyados por algunos profesores de la facultad y con otros jóvenes como ellos formaron el Poets' Theater de Cambridge. Unos escribían, otros actuaban y Gorey hacía los decorados.
En 1953 se mudó a Nueva York y empezó a trabajar en la editorial Doubleday como diseñador de portadas para las reediciones de clásicos modernos: Kafka, Proust, Conrad, Gógol, e ilustrador de libros de autores tan diversos como Edward Lear, T. S. Eliot, Beckett, Virginia Woolf, Dickens, Wells, Updike. Ese año escribió, ilustró y publicó su primera obra, The Unstrung Harp.
Al principio no encontró muchos lectores. Seis editores sucesivos lo aceptaron y lo abandonaron. Decidió entonces crear su propio sello, Fantod Press, y hacer ediciones artesanales de los libros que otros no estaban dispuestos a publicar.
En 1967 Andreas Brown, gran admirador de Gorey, compró Gotham Book Mart, legendaria librería neoyorquina de Frances Seloff, y desde allí empezó a difundir su obra. No solo vendía sus libros, almanaques, pósters y objetos: le organizaba firmas y exposiciones, y le llegó a editar quince libros.
Entre 1956 y 1979, vestido con un largo abrigo de piel de mapache, zapatillas de tenis, una gruesa bufanda y un collar, asistió a todas las funciones y a muchos de los ensayos del New York City Ballet. Admiraba profundamente las ideas del coreógrafo de origen ruso George Balanchine. En 1983, privado de su principal interés cultural, decidió irse de Nueva York.
Se instaló en Cape Cod, primero en Barnstable, en la casa de unos primos donde ya había pasado algunas temporadas, y después, definitivamente, en Yarmouth Port, en una casona de dos siglos que llenó de libros, películas, muñecos, gatos (que adoraba) y objetos esféricos. Allí vivió solo hasta el final, sin dejar de escribir y dibujar y crear títeres y marionetas para pequeños teatros de la zona. Publicó en vida más de cien libros y dejó otros setenta escritos pero sin ilustrar. Quienes lo conocieron lo describen como una persona extremadamente inteligente, culta y afable. 

Texto: Marcial Souto

12 de febrero de 2014

William Golding

Saint Colomb Minor, 1911 - Perranaworthal, 1993 (Cornualles, Gran Bretaña)















Poco después de ganar el premio Nobel en 1983, William Golding se registró en un hotel y cuando le preguntaron cómo se deletreaba su nombre, exclamó: «Por Dios, me acaban de dar el jodido Nobel», una respuesta que traduce su volcánica personalidad. Brillante escritor inglés dedicado en sus inicios a la poesía, en 1952 se decidió por la prosa; su primera novela, El Señor de las Moscas (1954), fue rechazada por innumerables editoriales, hasta que un iluminado editor de Faber & Faber la rescató de la pila de manuscritos descartados. La obra obtuvo un éxito rotundo y se convirtió en uno de los libros más leídos de la literatura contemporánea. Traducida en todo el mundo, fue adaptada al cine en dos ocasiones, 1963 y 1990. Golding concibió El Señor de las Moscas inspirándose en un relato clave: La isla de Coral de Ballantyne, popular novela de aventuras que narra la historia de un grupo de jóvenes que, tras naufragar, logran sobrevivir en una isla aplicando los principios que rigen la sociedad victoriana; pero la novela de Golding es muy distinta, sus protagonistas no son heroicos robinsones románticos, sino salvajes que dejan aflorar los más abyectos instintos humanos. William Golding participó en el desembarco de Normandía en 1944. Sensibilizado por sus vivencias bélicas y convencido de la maldad intrínseca del ser humano, vivió obsesionado por la violencia que rige nuestra existencia: «Me describo a mí mismo como un pesimista universal, pero optimista cósmico». Entre sus obras destacan Los herederos (1955), Las dos muertes de Christopher Martin (1956), Caída libre (1959), La pirámide (1967) y su notable volumen de cuentos El dios escorpión (1971), donde se reflejan las preocupaciones morales presentes en sus largas narraciones. 

Jorge González

Buenos Aires, Argentina, 1970















Dibujante y narrador gráfico, Jorge González se estableció en España en la década de los noventa. En 2001 publicó Hard Story con guión de Horacio Altuna, con quien también trabajó en Hate Jazz (2006). Desde hace años se dedica a la publicidad y a la realización de storyboards. Con Carlos Jorge publicó Mendigo en 2005, y en 2008 se dieron a conocer Kinú y la ley de Amarok, Fuenteovejuna, La Odisea y Nils et le dragon bleu, esta última editada por Bayard Press. Pocos eses después apareció Fueye, ganadora del primer Premio Internacional de Novela Gráfica FNAC-Sins Entido, una obra de carácter histórico que recorre con nostalgia y sordidez los avatares de la inmigración europea en Argentina a principios del siglo XX. En 2009 ilustró Pasos, de Lope de Rueda y en 2011 apareció su último libro, Dear Patagonia, una historia que transcurre en la zona más extensa, salvaje y menos poblada de la Argentina. Narra los años finales del siglo XIX hasta el comienzo del XXI, donde los indígenas, colonos europeos y un director de cine alemán se irán relacionando y transformando en cada capítulo, influenciados por la presencia permanente del espacio patagónico. Participaron en el guión Alejandro Aguado, Hernán González y Horacio Altuna. En El Señor de las Moscas, Jorge González ha trabajado con una naturalidad plástica que no es complementaria ni complaciente con el texto, sino tributaria de una lectura profunda de la obra y de una notable empatía con el autor. Actualmente, González vive y trabaja en la ciudad de Madrid.

16 de octubre de 2013

Italo Calvino

Santiago de las Vegas, Cuba, 1923 - Siena, Italia, 1985












De Italo Calvino dijo Cesare Pavese que era una «ardilla de la pluma». El lector familiarizado con sus fantasías barrocas y desbordantes, cómplice a veces incómodo, bien puede compartir esa definición abierta. El Calvino que hizo famoso a Calvino, que comienza en El vizconde demediado (1952) y termina en los ensayos recopilados bajo el título de Lecciones americanas (1985), tiene precedente en el joven escritor que en la década de los cuarenta se adscribía al neorrealismo. En 1957, Calvino afirmó que ya no podía escribir novelas de tipo tradicional porque «nosotros miramos el mundo mientras vamos cayendo por el hueco de una escalera». Sentenció que «la memoria de la imaginación es también una memoria», haciendo así profesión de fe del oficio creador. Calvino participó de forma activa en el debate político de su país, fue miembro de las organizaciones partisanas, con las que intervino en acciones de guerra; a esta experiencia dedicó El sendero de los nidos de araña, el más bello ejemplo de literatura de la resistencia. Las obras que lo hicieron célebre en todo el mundo son El barón rampante, El caballero inexistente, Las cosmicómicas, Las ciudades invisibles y Marcovaldo. «¿Libro para niños? ¿Libro para jóvenes? ¿Libro para adultos? Hemos visto cómo estos planos se enlazan de continuo». Calvino destaca como patrón de una ética lúcida y refinada, transformada en textos, y el efecto es milagroso. Su literatura es considerada un tesoro cultural en Italia.

9 de septiembre de 2013

Ernesto Sabato

Rojas, 1911 - Santos Lugares, 2011
























«Soy un simple escritor que ha vivido atormentado por los problemas de su tiempo, en particular por los de su nación. No tengo otro título», declaró Ernesto Sabato en 1983. Había nacido en 1911 en la provincia de Buenos Aires, de familia italiana con remoto origen albanés. Antes de convertirse en novelista fue militante comunista, físico y crítico literario; su primer trabajo fue la reseña de El sueño de los héroes de Adofo Bioy Casares, y en 1945 publicó su primer libro, Uno y el universo, donde acomete contra la supuesta imparcialidad de la ciencia. El túnel, publicada en 1948, fue su primera novela y obtuvo un rápido reconocimiento internacional, catapultado por el elogio de Albert Camus. Alejado definitivamente de la ciencia, continuó escribiendo ensayos sobre temas estéticos, políticos y literarios, hasta que en 1961 dio a conocer su segunda novela, Sobre héroes y tumbas, una obra arrolladora que abarca diferentes situaciones históricas, sociales y psicológicas. En 1974 llegaría su última obra de ficción, Abaddón el exterminador, que incluye personajes de la anterior. En 1984 recibió el Premio Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana. Una definición de Sabato acaso sirva para sintetizar el pensamiento de un intelectual que nunca dejó de cuestionarse: «La formidable crisis del hombre, esta crisis total, está sirviendo al menos para reconsiderar los modelos». Murió cincuenta y cinco días antes de cumplir los cien años.