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27 de octubre de 2015

Paul Auster

Nueva Jersey, 1947













«Toda vida es inexplicable —escribe Paul Auster—. Por muchos hechos que se cuenten, por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado.» Y, sin embargo, su condición de narrador quizá pueda explicarse a partir de La invención de la soledad (1982). El padre de Auster había muerto y atrás quedaban sus traducciones del francés, sus poemas como «puños cerrados», sus obras entre bambalinas como «negro» literario y sus estudios de literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia. De su quehacer lírico había nacido una prosa elegante y depurada. La trilogía de Nueva York (1987) fue su obra consagratoria. En ella, el azar lleva a los protagonistas a asumir distintas identidades dentro de una compleja arquitectura narrativa de espejismos metaficcionales, una pesadilla urbana teñida de enfermedad, locura y fracaso. El Palacio de la Luna (1989) y Leviatán (1992), ganadora del Premio Médicis, son otras de sus obras más destacadas. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras como reconocimiento a la renovación literaria que supuso la unión de las tradiciones norteamericana y europea. Para Auster, las palabras del célebre dramaturgo Peter Brook bien podrían definir la aspiración final de su obra: que posea a un tiempo «la intimidad de lo cotidiano y la distancia del mito, porque sin cercanía no es posible el sentimiento y sin distancia es imposible el asombro».

22 de octubre de 2015

Daniel Defoe

Londres, 1660 - 1731













La misma fatalidad que guió los pasos de Robinson Crusoe puede entreverse en los inciertos vericuetos por los que transcurrió la vida de Daniel Defoe: fue un pésimo negociante, un polémico escritor y un espía de lealtades cambiantes. Abandonó la carrera eclesiástica que su padre le había encomendado para dedicarse al comercio y realizar frecuentes viajes por Europa. Tras fracasar en los negocios —tan variopintas fueron sus inversiones como desmesuradas sus deudas—, estuvo a cargo de su propio periódico. A los sesenta años publicó su primera obra de ficción, Robinson Crusoe, que escribió en apenas dos meses. Basada en la historia real del náufrago Alexander Selkirk, fue la segunda obra más leída durante el siglo XIX (después de la Biblia). Admirado por Edgar Allan Poe y Virginia Woolf, Defoe es, para James Joyce, «el primer autor inglés que crea sin modelos literarios, sin adaptar las obras extranjeras», y por ende, el padre de la novela inglesa. Cuando regresó a Inglaterra —sueña Jorge Luis Borges— Selkirk (o Robinson) no podía olvidar aquel otro «yo» que se había quedado en la isla desierta: «¿Y cómo haré para que ese otro sepa / que estoy aquí, salvado, entre mi gente?».

19 de mayo de 2015

Max Aub

París, 1903 – México D.F., 1972












«Max Aub, escritor español nacido en París, de abuelos alemanes. Sus nietos son ingleses y mexicanos.» En esas trazaron sus pasos para eludir, de exilio en exilio, las desgracias de la época que le tocó vivir.
Tras la Primera Guerra Mundial, se trasladó con su familia a Valencia, donde residió hasta el estallido de la Guerra Civil española, hecho que forzó su regreso a Francia. Allí fue denunciado por comunista, apresado y desterrado a Argelia, donde pasó meses detenido en el campo de concentración de Djelfa —su libro de poemas Diario de Djelfa da cuenta de esa marca indeleble— hasta que en 1942 pudo embarcarse hacia México. A pesar de no ser su lengua materna, siempre se reconoció en la profunda huella que le imprimió el español («Uno es de donde hace el bachillerato», decía de sí mismo), y fue esa lengua, con fuertes improntas mexicanas —no en vano, México lo albergó durante más de treinta años—, la que trabajó en su escritura. La que lo trabajó.
Los Crímenes ejemplares están signados por un potente humor negro —«ironía trágica», en palabras de Aub—, una fuerte irreverencia en cuanto a las formas y un despotismo libertario que hacen de lo grotesco una manera de leer, reír y reflexionar.

5 de marzo de 2015

Robert W. Chambers

Nueva York, 1865 – 1933 














Robert William Chambers nació en Brooklyn en el seno de una familia acomodada: su padre era un abogado de éxito y su madre descendía del fundador de Providence, la ciudad donde más tarde nació y vivió H. P. Lovecraft. Su primera pasión fue la pintura, y entre 1886 y 1893 vivió en París, donde asistió a la École des Beaux-Arts y a la Académie Julian. Al regresar a su país, trabajó como ilustrador de las revistas Life, Truth y Vogue antes de descubrir que su verdadero interés era la escritura. En 1894 publicó la novela In the Quarter, terminada siete años antes en Múnich, y en 1895 The King in Yellow, un volumen integrado por diez relatos. En ellos se menciona al pasar un libro maldito, El Rey de Amarillo, que garantiza a quienes lo descubren toda clase de desgracias y que fue, quizá, el modelo del famoso Necronomicón atribuido por Lovecraft al árabe loco Abudl Alhazred. En los posteriores cuarenta años, Chambers traicionó su innegable talento escribiendo decenas de novelas oportunistas que le permitieron ganar mucho dinero y financiar otra de sus pasiones: la plantación de miles de árboles.

Hans Christian Andersen

Odense, 1805 - Copenhague, 1875













«La figura alargada, desaliñada, encorvada como la de un lémur, con una cara excepcionalmente fea». Así describe Friedrich Hebbel al célebre escritor danés, internacionalmente conocido por sus cuentos para niños, patito feo convertido en flamante cisne a través de la escritura. Hijo de un zapatero y una lavandera con una infancia marcada por la pobreza, huyó con apenas catorce años a Copenhague con la intención de convertirse en actor o cantante. Rechazado y tachado de lunático, solo encontró apoyo en Jonas Collin, director del Teatro Real, quien financió sus estudios y le abrió las puertas a la dramaturgia aunque sin mucho éxito. Fue en 1834 cuando aparecieron sus primeras narraciones, cuentos nacidos de la tradición oral, que le dieron la fama que buscaba. Numerosas fueron las cortes reales y mansiones aristocráticas que visitó para recitar sus historias. Soltero, sin amor y sin patria, hizo de sus viajes por el mundo una huida de la soledad, y narró sus experiencias en libros como El bazar de un poeta (1842) o Viaje por España (1863). Siguió escribiendo sus cuentos para niños hasta 1872, tres años antes de su muerte tras una amarga enfermedad.

Antonio Tabucchi

Pisa, 1943 - Lisboa, 2012 
















Narrador y ensayista eminente, fue profesor de literatura portuguesa en Italia y uno de los grandes divulgadores de la obra de Fernando Pessoa. De su repertorio se destacan Dama de Porto Pim (1983), Nocturno hindú (1984), Pequeños equívocos sin importancia (1985), Réquiem (1992), Sostiene Pereira (1994), La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (1997) y Se está haciendo cada vez más tarde (2002). Su labor literaria fue reconocida con los premios Pen Club, Campiello, Viareggio-Rèpaci, Médicis, Méditerranée y Europeo de Literatura.

10 de noviembre de 2014

Bertolt Brecht

Augsburgo, 1898 - Berlín Este, 1956











Inconformista y radical desde su infancia, la intervención de su padre y del profesor de religión evitó su expulsión del colegio. Inconformista y provocador en sus primeros poemas, publicados con apenas dieciséis años, poemas pornográficos, con vagabundos y prostitutas como protagonistas. Inconformista e innovador, promoviendo el «teatro épico» que rompe con el tradicional realismo. Este fue Bertolt Brecht: poeta, director teatral y uno de los dramaturgos más influyentes del siglo XX. El «escritor operativo» que describía Walter Benjamin, en el que literatura y compromiso político son indisolubles. Prohibidas sus obras y perseguido por el nazismo, debió marchar al exilio en 1937. Vivió inicialmente en Dinamarca, Suecia y Finlandia y, a partir de 1941, en los Estados Unidos, donde sus guiones fueron rechazados por las grandes productoras de Hollywood. Hostigado por el Comité de Actividades Antiamericanas huyó a Suiza con la intención de regresar después a su país natal. 
Inconformista y revolucionario se instaló definitivamente en Berlín Este, donde fundó junto a su segunda esposa, la actriz Helene Weigel, la distinguida compañía de teatro Berliner Ensemble. Sus poesías, como esta Balada del consentimiento a este mundo, condensan sus denuncias y alegatos ideológicos y expresan su carácter inconformista, radical, provocador y revolucionario. 

2 de abril de 2014

Joseph Roth

Brody, 1894 - París, 1939 














En una sencilla tumba del cementerio Thiais puede leerse un austero y granítico texto: «Escritor austríaco, muerto en París en el exilio». Allí descansa Joseph Roth, uno de los más grandes autores centroeuropeos de la primera mitad del siglo XX. Nacido en la región de Galitzia, actual Ucrania, en el seno de una familia judía, sufrió la «pérdida de la patria» desde su niñez. Hijo único, fue criado por su madre cuando su padre abandonó a la familia unos meses antes del nacimiento de Joseph. Su infancia transcurrió en medio de un constante deambular entre las casas de parientes. Durante la Primera Guerra Mundial se alistó en el ejército como voluntario. La posterior caída del Imperio de los Habsburgo provocó su exilio. Encontró refugio en Berlín, donde trabajó como periodista en el Frankfurter Zeitung. Siendo corresponsal de este periódico, viajó por las principales capitales europeas. En ese momento se convirtió al catolicismo por fidelidad al Imperio austrohúngaro, al que —pese a su desaparición— siguió considerando «la única patria que he tenido». En Alemania, la llegada del nazismo al poder forzó su peregrinaje una vez más: primero se instaló en Viena y finalmente en París. Allí malvivió en hoteles, y se dedicó a escribir en las mesas de los cafés hasta su muerte consumido por el alcohol y el delirium tremens. A su intensa actividad periodística hay que sumar una fértil obra literaria entre la que destacan sus novelas Hotel Savoy, Fuga sin fin, Job, La marcha Radetzky y La leyenda del Santo Bebedor, obra póstuma y su mejor legado literario.