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2 de septiembre de 2015

La Isla del Tesoro. Nueva Edición

Robert Louis Stevenson















Ralph Steadman (Ilustraciones)

«—Livesey —dijo el squire—, va a dejar inmediatamente de hacer sangrías y recetar curas para la gripe. Mañana salgo para Bristol. Dentro de tres semanas…, ¡qué digo tres semanas!…, de diez días…, tendremos el mejor barco, sí señor, y la mejor tripulación de Inglaterra. Hawkins viene de grumete y ¡qué grumete vas a ser, Hawkins! Usted, Livesey, médico de a bordo; yo seré almirante. Llevaremos con nosotros a Redruth, Joyce y Hunter. Tendremos vientos propicios, travesía rápida y ninguna dificultad para encontrar el lugar, y después dinero hasta hartarnos…, hasta revolcarnos en él…, hasta para despilfarrar durante toda la vida.

—Trelawney —dijo el doctor—, iré con usted, y le aseguro que también irá Jim, y tenga la absoluta convicción de que nos será de mucha ayuda. Solo hay una persona a quien temo.

—¿Y quién es? —gritó el squire—. ¿Cómo se llama ese canalla?

—Usted —replicó el doctor—, porque no puede sujetar la lengua. No somos los únicos que sabemos de este documento».



«Amo a Stevenson porque vuela», dijo en una ocasión Italo Calvino sobre «el narrador de historias» o Tusitala, como le llamaron los nativos de Samoa. Prolífico escritor y maestro de maestros –deudores de su prosa son, entre otros, Joseph Conrad y Jorge Luis Borges–, no sería hasta sus treinta años, durante un verano lluvioso en las Tierras Altas de su Escocia natal, cuando imaginaría la trama de La Isla del Tesoro mientras jugaba a pintar un mapa con su hijastro, Lloyd Osbourne. Aunque la obra se publicó originalmente por entregas entre octubre de 1881 y enero de 1882 en la revista para jóvenes Young Folks bajo el pseudónimo de Captain George North, no vio la luz como libro hasta un año después. 














De corte iniciático e itinerante, así como fuertemente influida por autores de la talla de Washington Irving, Edgar Allan Poe y Daniel Defoe, la novela revela el periplo hacia la madurez de su protagonista. En ella, un misterioso marino se esconde en la posada Almirante Benbow, y desde el momento en que el joven Jim Hawks se apodera del mapa de una isla desierta donde aguarda una fortuna en oro robado, nada volverá a ser lo mismo. Jim, Squire Trelawney y el doctor Livesey se embarcan junto al capitán Smollet en la Española; pronto descubrirán que la tripulación está formada por villanos y filibusteros a las órdenes de John Silver, cocinero y pirata a bordo, quien también codicia el tesoro. 



Libros del Zorro Rojo recupera en rústica la histórica edición de este clásico de aventuras, publicada en Gran Bretaña el año 1985 por la prestigiosa editorial Harrap & Co., en la que las magistrales ilustraciones del célebre artista inglés Ralph Steadman recrean con intensidad el vigor prosístico de la obra de Stevenson. 

16 x 24 cm, 312 pp, Rústica con solapas
ISBN: 978-84-944160-1-9

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24 de noviembre de 2011

La Isla del Tesoro

Robert Louis Stevenson



Ralph Steadman (Ilustraciones)

«—Livesey —dijo el squire—, va a dejar inmediatamente de hacer sangrías y recetar curas para la gripe. Mañana salgo para Bristol. Dentro de tres semanas…, ¡qué digo tres semanas!…, de diez días…, tendremos el mejor barco, sí señor, y la mejor tripulación de Inglaterra. Hawkins viene de grumete y ¡qué grumete vas a ser, Hawkins! Usted, Livesey, médico de a bordo; yo seré almirante. Llevaremos con nosotros a Redruth, Joyce y Hunter. Tendremos vientos propicios, travesía rápida y ninguna dificultad para encontrar el lugar, y después dinero hasta hartarnos…, hasta revolcarnos en él…, hasta para despilfarrar durante toda la vida.

—Trelawney —dijo el doctor—, iré con usted, y le aseguro que también irá Jim, y tenga la absoluta convicción de que nos será de mucha ayuda. Solo hay una persona a quien temo.

—¿Y quién es? —gritó el squire—. ¿Cómo se llama ese canalla?

—Usted —replicó el doctor—, porque no puede sujetar la lengua. No somos los únicos que sabemos de este documento».






La Isla del Tesoro es un relato oscuro. Oscuro por la conciencia de que al final del camino hay riquezas que van más allá de los sueños de la avaricia. Todos saben algo, intuyen un oscuro secreto, pero nadie lo sabe todo, excepto quizá Billy Bones, el viejo capitán que parece haber sobrevivido a una vida de pillaje, calumnias y codicia. Pero está a punto de morirse… y aunque está a punto de morir, los que saben algo importunan su condenada alma.

Acentúan la sensación premonitoria los golpecitos del bastón de Pew el Ciego en la neblina arremolinada de un solitario páramo a la orilla del canal de Bristol. La amenaza de un peligro
inminente se torna claustrofóbica, se pega como un sudario húmedo. La amenaza de un marinero con una pata de palo y la siniestra visita de Perro Negro con la mano mutilada se acercan.




Solo Jim Hawkins puede que sea inocente, pero incluso él se esfuerza demasiado en mantenerse imparcial y por encima de la lucha que desgarra a cada uno de los personajes de la historia, incluido él mismo. A todos, incluso a los respetados doctor Livesey y squire Trelawney les ciega una desmedida sed de oro.

No hay dechados de virtudes en esta novela. No hay lugar para la respetabilidad en un chirriante barco de madera tripulado por aventureros decididos a enriquecerse de golpe con un tesoro bañado en sangre, lo que los sitúa al mismo nivel que la chusma infame que lo guardó en una isla dejada de la mano de Dios. De hecho, los piratas que lo escondieron nos parecen más dignos de respeto que el que esta pandilla pudiera suscitar en una docena de relatos.






No he buscado, pues, la honorabilidad en los rostros de los personajes: son tan malos o tan buenos como cualquiera que se encuentre atrapado en la alocada rebatiña del dinero mal ganado, y esto hace tanto mejor el relato de Robert Louis Stevenson y su forma de contarlo… La caza de tesoros es un negocio desesperado. Ralph Steadman, Prólogo, 1985.




«Leer La Isla del Tesoro es una de las formas de la felicidad».
Jorge Luis Borges



18 x 26,5 cm, 312 pp, Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-9241-293-8

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Robert Louis Stevenson

Edimburgo, Escocia, 1850 - Vailima, Samoa, 1894


Hijo de una familia de constructores de faros, pasó su infancia entre médicos y tutores. Años de enfermedad lo llevaron a definirse como «un sobreviviente entre crudos vientos y pertinaces lluvias», y a decir: «No he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos». Cursó estudios de ingeniería y se graduó en leyes. Cuentos, ensayos, poesías, novelas, crónicas de viajes… Stevenson abordó con maestría los más diversos géneros literarios ofreciendo siempre la felicidad y el asombro. Tras cruzar el Atlántico y los Estados Unidos se desposó con Fanny Osbourne, a cuyo hijo Lloyd dedicó La Isla del Tesoro, narración publicada originalmente por entregas entre octubre de 1881 y enero de 1882 en la revista Young Folks, y bajo el seudónimo de Captain George North. Un año más tarde se editaría como libro. Stevenson cultivó la amistad de Leslie Stephen, de Henry James, de Mark Twain, así como también la de ladrones y marineros, con quienes se divertía participando en concursos de blasfemias. «La risa era entonces nuestra ocupación principal», escribió refiriéndose a sus amigos, y hasta les dedicó un ensayo a la pereza. Autor de Las nuevas noches árabes (1882); Los colonos de Silverado (1884); El dinamitero (1885); El príncipe Otón (1885), El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), con la que alcanzó el éxito literario, o Flecha negra (1888), se estableció con su familia en la Polinesia en 1889. Fue uno de los primeros occidentales en denunciar el maltrato colonial. Al salir de prisión merced a los oficios de Stevenson, el jefe Mataafa mandó construir un camino hasta el hogar de su benefactor, que se llamó, que aún se llama, «vía de la gratitud». Los nativos lo llamaron Tusitala, ‘el narrador de historias’. Murió en su hogar de Vailima a causa de una hemorragia cerebral. Cumpliendo con su voluntad, los amigos se abrieron paso en la espesura y le dieron descanso en lo alto del volcán Vaea, de cara al mar.

16 de septiembre de 2007

Dr. Jekyll & Mr. Hyde

Robert Louis Stevenson



Ilustraciones: Mauro Cascioli

«Después de todo, medité, era como mis prójimos, y sonreí comparándome con otros hombres, comparando mi buena voluntad con la perezosa crueldad de su negligencia».

Una inquietante irrupción altera el apacible paseo dominical por las calles de Londres. A partir de ese instante, lo cotidiano se confunde con lo inexplicable, lo secreto, lo sobrenatural. Dos personalidades opuestas se disputan el alma de un hombre: Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Traducción: Elvio E. Gandolfo

24,5 x 20,5 cm; 60/72 pp. Cartoné | ISBN: 84-9795-143-3

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