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5 de marzo de 2015

Irma Sirena

Antonio Tabucchi










Gabriella Giandelli (Ilustraciones)









«Como cada año, Irma había llegado con los demás carromatos, para quedarse una semana. Delgada y anémica, palidísima, no podía salir nunca: desde la ventanilla de la carreta nos miraba jugar en la plaza, llamándonos tímidamente con la mano para que nos acercáramos».













Irma Serena, la serena bambina fue el primer cuento de Antonio Tabucchi; se publicó originalmente en L'Astromostro (1980), una antología preparada para Feltrinelli por el poeta Antonio Porta. La versión en castellano del cuento apareció en 1996, en el volumen Conversaciones con Antonio Tabucchi, de su traductor y amigo Carlos Gumpert. 












La historia trata la amistad entre dos muchachos y una niña sirena expuesta como portento en una ferie de atracciones. A la admirable prosa de Tabucchi se añaden, para este edición de Libros del Zorro Rojo, las estampas de Gabriella Giandelli. Esa feliz conjunción funda un libro para todas las edades.

Cómpralo en nuestra tienda en línea (España).

Traducción: Carlos Gumpert
Tamaño: 25x20 cm; 24 pp.; cartoné con lomo suizo.
ISBN: 978-84-9429-186-9
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Antonio Tabucchi

Pisa, 1943 - Lisboa, 2012 
















Narrador y ensayista eminente, fue profesor de literatura portuguesa en Italia y uno de los grandes divulgadores de la obra de Fernando Pessoa. De su repertorio se destacan Dama de Porto Pim (1983), Nocturno hindú (1984), Pequeños equívocos sin importancia (1985), Réquiem (1992), Sostiene Pereira (1994), La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (1997) y Se está haciendo cada vez más tarde (2002). Su labor literaria fue reconocida con los premios Pen Club, Campiello, Viareggio-Rèpaci, Médicis, Méditerranée y Europeo de Literatura.

13 de junio de 2013

Cartas a Ophélia

Fernando Pessoa



Antonio Seguí (Ilustraciones)

15 de octubre de 1920
Pequeño Bebé:

Tienes más de mil, tienes millones de razones para sentirte enojada, irritada y ofendida conmigo. Pero la culpa no ha sido mía, ha sido de ese Destino que acaba de condenarme el cerebro a un estado que, si no es irreversible, por lo menos exige un tratamiento adecuado, que no sé si podré conseguir. Pretendo (sin aplicar el célebre decreto del 11 de mayo) irme a un sanatorio el mes próximo a ver si allí encuentro algún tratamiento que me permita resistir la ola negra que se abate sobre mi espíritu. No sé cuál será el resultado del tratamiento, quiero decir: no imagino cuál podría ser. Nunca esperes por mí; si alguna vez me presento ante ti será por la mañana, cuando vayas a la oficina, en Poço Novo. No te preocupes. Al fin y al cabo, ¿qué ha sucedido? ¡Me han cambiado por Álvaro de Campos!
Siempre muy tuyo,

Fernando



Al cumplir 19 años, Ophélia Queiroz entró a trabajar en las oficinas Félix, Valladas & Freitas de Lisboa, donde Pessoa se ocupaba de traducir la correspondencia comercial. Corría 1920 y el poeta contaba 32 años.

Hacia 1976, la propia Ophélia evocó los inicios del romance. «Un día se fue la luz. Freitas no estaba y Osorio, el “grumete”, había salido a hacer unos recados. Fernando fue a buscar un lámpara de petróleo, la encendió y la puso encima de mi mesa. Poco antes de la hora de partida, me alcanzó una notita que decía “Le pido que se quede”. Yo permanecí expectante. Por entonces ya había notado el interés de Fernando hacia mí; y yo, lo confieso, también le encontraba cierta gracia… Recuerdo que estaba de pie, a punto de ponerme el abrigo, cuando él entró en mi despacho. Se sentó en mi silla, dejó sobre la mesa la lámpara que traía y comenzó de pronto a declararse como Hamlet a Ofelia: “¡Oh, querida Ofelia!, mido mal mis versos, carezco de arte para medir mis suspiros, pero te amo en extremo. ¡Oh, hasta el último extremo, créeme!». Quedé muy conmovida, como es natural, y sin saber qué decir ni hacer, acabé por ponerme el abrigo y despedirme apresuradamente. Fernando se levantó con la lámpara en la mano para acompañarme hasta la puerta. Pero, de repente, apoyó la lámpara sobre la divisoria de la pared, me tomó sorpresivamente por la cintura, me abrazó y, sin decir una palabra, me besó, me besó apasionadamente, como un loco. […] Días más tarde, como Fernando parecía ignorar lo que había sucedido entre nosotros, resolví escribirle una carta pidiéndole una explicación; lo que dio origen a su primera carta-respuesta, con fecha 1.° de marzo de 1920».Cuarenta y ocho cartas y dieciséis poemas dan testimonio del secreto romance entre el poeta portugués y la joven Ophélia Queiroz. Una correspondencia forjada en los años decisivos de la producción literaria de Fernando Pessoa. El prólogo de Antonio Tabucchi reflexiona sobre este epistolario al que el gran artista plástico Antonio Seguí ha dedicado una treintena de exquisitas acuarelas.

Traducción: Alejandro García Schnetzer

14 x 22 cm; 174 pp; Cartoné encuadernado en tela
ISBN: 978-84-92412-47-1



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