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12 de mayo de 2015

Arthur Rackham

Londres, 1867 – Limpsfield (Surrey), 1939





















Arthur Rackham es sin duda alguna el artista británico más reconocido cuando se piensa en ilustración de cuentos infantiles clásicos. Desde comienzos del siglo XX, varias generaciones de niñas y niños han crecido con sus hermosas imágenes. Tras acabar sus estudios en la City of London School, comenzó a trabajar en una oficina de seguros, pero su interés por la ilustración lo llevó a compaginar sus obligaciones laborales con estudios de arte. Para ello, asistía a clases nocturnas en la Lambeth School of Art, donde coincidió con el destacado pintor de paisajes victorianos William Llewellyn. Fue a la edad de veinte años cuando comenzó a colaborar en Scraps y Chums, dos prestigiosas revistas de la época, y cuando la reciente fama adquirida le permitió abandonar la correduría para trabajar como ilustrador profesional. Su primera gran obra fue Rip Van Winkle (1905), de Washington Irving, donde sus imágenes lucían con un colorido y definición notables gracias a un nuevo avance tecnológico que permitía la separación de colores al imprimir. La editorial Heinemann, dirigida por Charles Seddon Evans, fue la que impulsó su carrera al encargarle una nueva colección de libros de lujo: ediciones limitadas, numeradas, impresas en papel hecho a mano y firmadas por el propio ilustrador. La Gran Guerra impidió el desarrollo de este nuevo modelo, pero Rackham, quien ya había logrado renombre internacional, decidió cruzar el Atlántico para colaborar con la emergente industria editorial de Estados Unidos. Elegido miembro de la Real Sociedad de la Acuarela, se convirtió en Maestro del Gremio de Trabajadores del Arte, y siguió ilustrando libros hasta su muerte, en 1939. Entre sus obras, destacan Peter Pan en los jardines de Kensington (1906), Alicia en el país de las maravillas (1907) y su última obra, publicada póstumamente: El viento en los sauces (1940). En 1911 la Société Nationales des Beaux-Arts celebró en París una exposición especial con sus dibujos, y le concedió una medalla de oro. 

Cenicienta y La Bella Durmiente


Charles S. Evans (Adaptación)

















Arthur Rackham (Ilustraciones)









Antonio Rodríguez Almodóvar (Prólogos)


«Y cuando sonó la duodécima campanada, su precioso vestido se transformó en harapos. Lo único que quedó de su elegante atuendo fue un zapatito de cristal que agarró y escondió con cuidado».
Cenicienta

«¿Te pincharás con un huso? —entonces que arda el huso, 
No se teje el hilo y no se mueve la rueda;
Si no hay rueda y no hay huso,
Ningún dedo se podrá pinchar»
La Bella Durmiente












De entre los muchos relatos que la oralidad ha logrado elevar a la categoría de clásicos en su paciente transcurso a lo largo de generaciones, Cenicienta y La Bella Durmiente merecen un lugar preeminente. Ambos cuentos se erigen como un legado literario indiscutible, transcrito no pocas veces y en no menos lenguas por autores que dominaron la técnica del cuento. Celebérrimas fueron las ediciones ilustradas que, entre 1919 y 1920, William Heinemann encargase a Arthur Rackham, quien ya gozaba de gran prestigio en el panorama artístico inglés. Ambas ediciones, que terminaron por consagrarle como uno de los mejores artistas plásticos del siglo XX, inauguraron una colección de lujo que pasó a la historia por irrepetible: apenas dos mil ejemplares vieron la luz, numerados, impresos en papel hecho a mano y firmados por el propio Rackham, referente fundamental en el ámbito de la ilustración de cuentos infantiles clásicos.













Recuperar a la Cenicienta y a La Bella Durmiente de aquellas ediciones originales ha sido posible gracias a sus ejemplares número diecinueve y setenta y dos, respectivamente (cifras que, casualmente, coinciden con el día de nacimiento de Rackham y los años que vivió). A partir de estos ejemplares hemos reproducido el hipnótico mundo ilustrado de Rackham, el vivísimo baile de sombras que nos transporta a lujosos palacios e ilumina sus estancias, un elenco de siluetas que como sombras chinescas desfilan ante el lector, recordándole las formas renacentistas de belleza idealizada.













Este rescate editorial no solo integra los dos volúmenes clásicos en un único estuche sino que además incorpora prólogos inéditos a ambos relatos. A cargo del especialista Antonio Rodríguez Almodóvar (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2005), estos textos despliegan una relectura crítica de los valores tradicionales que se desprenden de las versiones de Evans. En ellos, Rodríguez Almodóvar pasa por la destrucción de los paradigmas patriarcales y la reconsideración de los afectos familiares, y al mismo tiempo destapa una posible significación simbólica que la tradición oral habría ido perdiendo en sus múltiples narraciones: la de Cenicienta como relato cifrado contra el incesto, y la de La Bella Durmiente como metáfora de la superación del matrimonio concertado y del descubrimiento de la nueva libertad de amar.














Las numerosas versiones que de Cenicienta y La Bella Durmiente han llegado a niños y mayores, en todos los rincones del planeta, atestiguan su universalidad e importancia en la literatura clásica. Había una vez un rey y una reina, y también un noble caballero, a los que Rackham hizo imperecederos, y que ahora acogemos en nuestro catálogo.
















Traducción: Elena del Amo
Estuche de dos volúmenes en cartoné encuadernado en tela
ISBN: 978-84-9432-842-8
Vol. I: Cenicienta
18 x 24 cm; 128 pp.
ISBN: 978-84-9429-189-0
Vol. II: La Bella Durmiente 18 x 24 cm; 120 pp.
ISBN: 978-84-9429-188-3
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