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11 de mayo de 2015

Los diarios de Adán y Eva. Nueva edición

Mark Twain














Francisco Meléndez

«Toda la semana lo seguí y traté de entablar relaciones con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque él es tímido, pero no me importa. Parecía complacido de tenerme alrededor, y usé el sociable “nosotros” varias veces, porque él parecía halagado de verse incluido».




Al cumplirse en 2010 cien años de la muerte de Mark Twain, Libros del Zorro Rojo publicó una edición especial de Los diarios de Adán y Eva iluminada por el legendario dibujante Francisco Meléndez, figura esencial de la ilustración contemporánea en España; esta obra ahora se reedita para disfrute de los lectores en un nuevo formato. 























Desde su publicación original en 1906, Los diarios de Adán y Eva no han perdido vigencia. Su pervivencia radica en una poderosa combinación de humor y ternura: una gracia construida a base de finas ironías, un candor que recrea las más primitivas ingenuidades.



















Los contrapuntos se suceden, por ejemplo: 

Diario de Adán:
«Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante. Siempre está merodeando y me sigue a todas partes. Eso no me gusta; no estoy habituado a la compañía. Preferiría que se quedara con los otros animales. Hoy está nublado, hay viento del este; creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde saqué esa palabra…? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura».

Diario de Eva: 
«Toda la semana lo seguí y traté de entablar relaciones con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque él es tímido, pero no me importa. Parecía complacido de tenerme alrededor, y usé el sociable "nosotros" varias veces, porque él parecía halagado de verse incluido».

























Para Twain, Eva es la encargada de dar nombre a las cosas, y este hecho la impone como la intelectual de la pareja. Adán, en tanto, presiente y se resigna a sus límites («La nueva criatura le da un nombre a todo lo que aparece antes de que yo pueda protestar»); ocupado más en la contemplación y ambicionando la quietud, discurre sus días en la preparación de refugios, en la obtención de alimentos, o previendo catástrofes («Ella dice que la serpiente le aconseja probar el fruto de ese árbol y dice que el resultado será una noble, bella y grandiosa educación […]. Le aconsejé que se mantuviera alejada del árbol. Dijo que no lo haría. Preveo problemas. Emigraré».)

La paternidad propicia en él nuevas incertidumbres: 
«Le pusimos de nombre Caín. Ella lo recogió mientras yo estaba cazando en la ribera norte del Erie; lo recogió en el bosque, a una dos millas de nuestro refugio […]. La diferencia de tamaño lleva a la conclusión de que se trata de una nueva y diferente clase de animal, quizás un pez».






















Al tiempo que Eva realiza otros hallazgos de promisoria utilidad:
«Él vino corriendo, y se detuvo y observó, y no dijo una sola palabra durante varios minutos. Luego preguntó qué era. Ay, no convenía que hiciera esa pregunta tan directa. Yo tenía que responder, y eso hice. Dije que era fuego. […] Después de una pausa, preguntó:
—¿Cómo se produjo?
Otra pregunta directa, y también tenía que tener una respuesta directa.
—Yo lo hice.
El fuego estaba viajando más y más lejos. Él llegó hasta el borde del sitio quemado, se quedó mirando y dijo:
–¿Qué es esto?
—Carbones.
Entonces levantó uno para examinarlo, pero cambió de parecer».























Como señala María Caballero Wangüemert, en Los diarios de Adán y Eva,  «Twain invierte el relato bíblico donde el varón organiza la creación y nombra a los seres a imagen y semejanza divina. La mujer ha tomado el poder; Twain acusa el sufragismo norteamericano del XIX, se mueve desde los parámetros patriarcales pero, como varón, asume las incipientes críticas a la futura revolución femenina».






















«Un texto –escribió Borges– es también lo que el tiempo hace de él». Leídos a más de un siglo, estos diarios del paraíso brillan aún por el ingenio de su humor incombustible.



Tamaño: 14,5 x 21,5 cm; 80 pp.; rústica con solapas
ISBN: 9788494328459

10 de junio de 2011

Premio Junceda 2011

Francisco Meléndez en el Edén



Libros del Zorro Rojo felicita a Francisco Meléndez por el Premio Junceda Iberia 2011, un reconocimiento a su inmenso talento, e invita a todos los lectores y lectoras a disfrutar sus ilustraciones para Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain.

Los diarios de Adán y Eva

Mark Twain



Francisco Meléndez (Ilustraciones)

El mítico ilustrador Francisco Meléndez cumple sus bodas de acero con el silencio, y las interrumpe momentáneamente para esclarecer lo sucedido en el Edén hace cientos de años. Una muestra de su talento intacto y libérrimo, que Mark Twain celebra desde quién sabe dónde.



Del diario de Adán:
Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante. Siempre está merodeando y me sigue a todas partes. Eso no me gusta; no estoy habituado a la compañía. Preferiría que se quedara con los otros animales. Hoy está nublado, hay viento del este; creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde saqué esta palabra…? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura.



Del diario de Eva:
Toda la semana lo seguí y traté de entablar relaciones con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque él es tímido, pero no me importa. Parecía complacido de tenerme alrededor, y usé el sociable «nosotros» varias veces, porque él parecía halagado de verse incluido.

Ver bio del ilustrador

Tamaño: 14 x 21 cm; 76 páginas, Cartoné encuadernado en tela
ISBN: 978-84-9241-261-7

Francisco Meléndez

Zaragoza, 1964


Dibujante eminente y autodidacta. En 1984 publicó su primer trabajo y dos años más tarde obtuvo el Premio Nacional de Ilustración por La oveja negra y otras fábulas, de Augusto Monterroso. A este le seguiría una pléyade de obras con textos de autoría propia, como El verdadero inventor del buque submarino, Premio Liber al libro mejor editado y Medalla de Plata en la exposición «Los libros más bellos del mundo» de Leipzig en 1990; Leopold, la conquista del aire, segundo Premio Nacional de Ilustración en 1992 y El viaje de Colonus, un friso de nueve metros plegado en fuelle, donde recreó el viaje del almirante a las Indias. Luego, Meléndez optó por el silencio, renunció a su oficio, eligió vivir en un monasterio y fundar la agrupación socioeducativa ’ãl-May’ãrî-Valmadrid, que promueve el trabajo artístico entre niños y adolescentes, al margen de los cánones académicos. Su trabajo para Los diarios de Adán y Eva supone un excepcional regreso al ejercicio de su magia. Por todo instrumento se sirvió de un lápiz, en la paz del camposanto que por la noche vigila.