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5 de marzo de 2015

El Rey de Amarillo

Robert W. Chambers














Santiago Caruso (Ilustraciones)



«—¿Qué es? —pregunté.
El Rey de Amarillo.
Yo estaba estupefacto. ¿Quién lo había puesto allí? ¿Cómo había llegado a mis habitaciones? Mucho tiempo antes había decidido que jamás abriría ese libro, y nada en el mundo me podría haber convencido de comprarlo».

















Cuando Robert W. Chambers escribió los relatos que conforman este libro, obra destacada de la literatura de terror del siglo XIX, no podía sospechar que su influencia traspasaría los límites de lo literario para permear otras disciplinas. No cabía imaginar que, más de cien años después de darles forma, cerca de 20 millones de seriéfilos se cuestionarían semanalmente la identidad del Rey de Amarillo. True Detective (la serie más seguida del canal HBO en 2014, y una de las mejores consideradas por la crítica en la última década) toma la oscuridad y la impenetrable atmósfera de los relatos del estadounidense y las desplaza a Luisiana, donde los agentes Rust Cohle y Martin Hart (interpretados por unos inspiradísimos Matthew McConaughey y Woody Harrelson) investigan una serie de asesinatos, tras los que se esconde un escurridizo Rey de Amarillo.

















Las alusiones a la obra de Chambers pasan en True Detective también por las ruinas de Carcosa, ciudad devastada (otrora habitable) que el escritor recuperase de la obra de Ambrose Bierce para dar nombre a sus tinieblas. En la serie de televisión, Carcosa representa el infierno que visitan los detectives, es la metáfora de una búsqueda que los llevará a enfrentar el mal propio y ajeno, en dos planos temporales superpuestos.

















De los diez relatos que conformaron El Rey de Amarillo en su primera edición, datada en 1895, cuatro han alcanzado la categoría de clásicos. «La Máscara», «El Reparador de Reputaciones», «En el Patio del Dragón» y «El Signo Amarillo» permanecen en el tiempo como paradigmas del terror enigmático y fantasmagórico, un mundo tenebroso que influyó en H. P. Lovecraft y su Necronomicón. Los protagonistas de estos relatos han de hacer frente al horror, tentados por un libro —que en una suerte de maldición metaliteraria lleva por nombre El Rey de Amarillo— que arrastra a quienes lo leen a la irremediable tragedia. Como presagio del desastre, a lo largo de los cuatro relatos desfila ante el lector una compañía de seres fantasmales, insoportables para sus protagonistas, augurio de la locura que les acecha.


















Como ya hiciese en El horror de Dunwich de Lovecraft (LZR, 2012), La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik (LZR, 2009) y El monje y la hija del verdugo de Ambrose Bierce (LZR, 2011), Santiago Caruso se sumerge en el tenebroso mundo de Chambers para desplegar el suyo propio, espectral y absolutamente magnético.


Traducción: Marcial Souto
Tamaño: 16,5 x 24 cm; 128 pp.; rústica con solapas
ISBN: 978-84-9432-844-2
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Robert W. Chambers

Nueva York, 1865 – 1933 














Robert William Chambers nació en Brooklyn en el seno de una familia acomodada: su padre era un abogado de éxito y su madre descendía del fundador de Providence, la ciudad donde más tarde nació y vivió H. P. Lovecraft. Su primera pasión fue la pintura, y entre 1886 y 1893 vivió en París, donde asistió a la École des Beaux-Arts y a la Académie Julian. Al regresar a su país, trabajó como ilustrador de las revistas Life, Truth y Vogue antes de descubrir que su verdadero interés era la escritura. En 1894 publicó la novela In the Quarter, terminada siete años antes en Múnich, y en 1895 The King in Yellow, un volumen integrado por diez relatos. En ellos se menciona al pasar un libro maldito, El Rey de Amarillo, que garantiza a quienes lo descubren toda clase de desgracias y que fue, quizá, el modelo del famoso Necronomicón atribuido por Lovecraft al árabe loco Abudl Alhazred. En los posteriores cuarenta años, Chambers traicionó su innegable talento escribiendo decenas de novelas oportunistas que le permitieron ganar mucho dinero y financiar otra de sus pasiones: la plantación de miles de árboles.