22 de noviembre de 2011

Marc Chagall

Vitebsk, 1887 – Saint-Paul-de-Vence, 1985



«Quizás es mi arte […] el arte de un demente, mercurio centelleante, un alma azul que invade mis cuadros», dijo de sí mismo Marc Chagall, creador de un universo visual poblado de recuerdos infantiles, tradiciones folclóricas y literarias, historias bíblicas y anécdotas convertidas en escenas intemporales. Nacido en una familia judía de Vitebsk (actual Bielorrusia), Chagall es uno de los artistas más relevantes del siglo XX. Tras un período formativo en San Petersburgo, su pintura adquiere en París los colores del fauvismo y las formas del cubismo. Después de la Revolución rusa pinta decorados para el Teatro Judío de Moscú y comienza un período clave del que nacen obras como «La Promenade» o «Au dessus de la ville», pero la emergencia de la abstracción impuesta por el nuevo régimen le lleva a buscar nuevos horizontes. Al finalizar Mi vida, su autobiografía ilustrada, inicia un periplo que le llevará, en 1923, definitivamente a París, donde el influyente marchante Ambroise Vollard le encarga la ilustración de Almas muertas de Gogol y de las Fábulas de La Fontaine. André Breton dijo: «Con él, y solo con él, la metáfora emprende su regreso triunfal a la pintura moderna». El nazismo lo incluye en la exposición Arte degenerado y en 1941 se refugia en Nueva York. De regreso a Francia en 1948, decora la Catedral de San Esteban de Metz y la Ópera de París. Trabaja el fresco, la cerámica, la vidriera y el tapiz, e inicia el ciclo del Mensaje Bíblico, donado al Estado francés para el museo que lleva su nombre en Niza. Sin haber abandonado nunca el trabajo, fallece a los noventa y siete años el 28 de marzo de 1985. Picasso había dicho de él: «Debe tener un ángel en algún lugar de su cabeza».

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